viernes, agosto 10, 2012

La estupidez de los números

Desde la instalación en pleno de los Chicago Boys en Chile, a principio de los 80, la Cosmovisión chilena se re-educo, a la fuerza y sin permiso a decidir, colocando a los números como el códice que explicaba nuestro ADN social, tal como Pitágoras intentó hacerlo hace más de 2.000 años atrás en la Antigua Grecia.


No es azar la fecha. Si bien la semilla de Friedman fue colocada durante los ’50 en Chile (y en varios otros lugares de Latinoamérica), solo bajo un Régimen Dictatorial como el de Pinochet  y con el apoyo de Reagan como presidente de USA, el amor a los números, tablas estadísticas y ecuaciones para representar a la naturaleza humana podía ser empujado a viajar en un tobogán de parque de entretenciones. Porque lo cuantitativo macaba predominancia sobre lo cualitativo, y con ello los “datos duros” se imponían a “interpretación”.

La emergente cosmovisión nos educó en que lo importante era el número. Si, el Gran Número. Entre más grande el número, ahí en frente, todo lo demás era pan comido. Un gran número que significa progreso, felicidad, calidad de vida, futuro y una larga lista de atributos cualitativos. Engañados en su origen y sustento, pero “duro” e “irrefutable” según sus sacerdotes, disfrazados de científicos y técnicos.

Pero el Crecimiento, el PIB, la Inversión, la Tasa de Desempleo, Línea de la pobreza, números devenidos de tortuosas expresiones algebraicas, glamorosos y santificados, no pueden (ni podrán) explicar la diversidad exquisita las dimensiones humanos. Porque grandes números puede ser calidad de vida y penurias a la vez. Paz social y guerra civil. Abundancia y hambruna. Porque no es posible sanar refregándose con números en la espalda. No germinan los números planteados en la tierra. Los números no cobijan del sol y la lluvia. Tampoco cuentan historias ni actúan en películas los números.

La panacea de “más es mejor”, del Gran Número, se cae a pedazos entre luces y pantallas táctiles. Números, vanidosos y disparados desde la garganta o pintarajeados en gráficos, tablas y titulares, placebo de una sociedad encandilada por anuncios publicitarios es educación e ignorancia. Es en Chile de los ‘80 y el de hoy. Es en la sociedad europea y norteamericana. Es en África, Asia y donde quiera que se le mire.

Los números: Una estupidez de falsa realidad. Y eso es porque, simplemente, los números no explican al mundo. Somos tú, yo, los de acá y los de allá los que interpretamos nuestro entorno, incluso lo que cuantificamos con una regla, contando o valorizando. Porque, aunque duela a muchos, el mundo sigue siendo de los humanos y no de los números.


Reconocimiento: a Fundación SOL y su constancia por mostrar que la cosmovisión unidemisionalidad numérica-económica no representa la diversidad dimensional humana.

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