No es azar
la fecha. Si bien la semilla de Friedman fue colocada durante los ’50 en Chile
(y en varios otros lugares de Latinoamérica), solo bajo un Régimen Dictatorial
como el de Pinochet y con el apoyo de Reagan
como presidente de USA, el amor a los números, tablas estadísticas y ecuaciones
para representar a la naturaleza humana podía ser empujado a viajar en un
tobogán de parque de entretenciones. Porque lo cuantitativo macaba
predominancia sobre lo cualitativo, y con ello los “datos duros” se imponían a
“interpretación”.
La emergente
cosmovisión nos educó en que lo importante era el número. Si, el Gran Número.
Entre más grande el número, ahí en frente, todo lo demás era pan comido. Un
gran número que significa progreso, felicidad, calidad de vida, futuro y una
larga lista de atributos cualitativos. Engañados en su origen y sustento, pero
“duro” e “irrefutable” según sus sacerdotes, disfrazados de científicos y
técnicos.
Pero el
Crecimiento, el PIB, la Inversión, la Tasa de Desempleo, Línea de la pobreza,
números devenidos de tortuosas expresiones algebraicas, glamorosos y
santificados, no pueden (ni podrán) explicar la diversidad exquisita las
dimensiones humanos. Porque grandes números puede ser calidad de vida y
penurias a la vez. Paz social y guerra civil. Abundancia y hambruna. Porque no
es posible sanar refregándose con números en la espalda. No germinan los
números planteados en la tierra. Los números no cobijan del sol y la lluvia.
Tampoco cuentan historias ni actúan en películas los números.
La panacea de
“más es mejor”, del Gran Número, se cae a pedazos entre luces y pantallas
táctiles. Números, vanidosos y disparados desde la garganta o pintarajeados en
gráficos, tablas y titulares, placebo de una sociedad encandilada por anuncios
publicitarios es educación e ignorancia. Es en Chile de los ‘80 y el de hoy. Es
en la sociedad europea y norteamericana. Es en África, Asia y donde quiera que
se le mire.
Los números:
Una estupidez de falsa realidad. Y eso es porque, simplemente, los números no
explican al mundo. Somos tú, yo, los de acá y los de allá los que interpretamos
nuestro entorno, incluso lo que cuantificamos con una regla, contando o
valorizando. Porque, aunque duela a muchos, el mundo sigue siendo de los
humanos y no de los números.
Reconocimiento:
a Fundación SOL y su constancia por mostrar que la cosmovisión
unidemisionalidad numérica-económica no representa la diversidad dimensional
humana.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario