Los paralelos que se establecen entre diferentes "momentos históricos no gratos" para la humanidad es el fiel reflejo de la falta de objetividad y relativización descontextualizada de nuestra construcción de historia y cultura, aplicación precisa de “mal de muchos, consuelo de tontos”.
Nadie puede negar, a ojos de Occidente, la cultura inhumana impuesta por Saddam Hussein en Irak, pero pocos hacen alcance alguno que el Código de Hammurabi y la religión Musulmana son base de su manifestación política y cultural de toda esta región. En los alrededores de Irak y Afganistán también hay Estados que no son Democráticos y viven en precariedad con respecto a la visión de Occidente, a beneficio de unos pocos y basados en las mismas raíces culturales, pero sus regímenes no son tocados ni amenazados dada la sólo “concordancia” de intereses con algunos “occidentales”. Colocándose un instante en la otra vereda, la construcción cultural del "miserable" Oriente Medio, ve con abominación la visión y cultura de Occidente, centrado en valores economisistas, con culto al sexo y a la violencia entre congéneres, inconsecuente entre sus doctrinas religiosas y actos cotidianos (es incomprensible que, siendo occidente receptor y profesor del mensaje de Jesús Cristo, en una amplia gama de interpretaciones, la sentencia de perdonar "setenta veces sietes" y "Si quieres ser perfecto... ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme" no anda ni por las tapas con nuestro actuar diario) y que peor aún, se les sindica como “pueblo bélico y beligerante” cuando Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Rusia, China y, por supuesto, Estados Unidos, en los tiempos modernos y contemporáneos (que equivalen a los últimos 5 siglos) han sido los principales actores de frentes de guerra, emancipaciones, reclutamiento y gastos armamentistas, lideran y controla la producción armamentistas, han creado las más diversas armas, cual más desbastadora que la anterior, y tienen a su haber las muertes más cruentas y masivas que la historia registra. En realidad, no hay comparación ¿Qué pueblo o cultura es la más amenazante?
La crítica hacia la persona de Bush es, precisamente, la inconsecuencia de sus actos en comparación a las de Hussein: Su profesa “acción divina” de la liberación del mundo de la maldad ¿Por qué, con la misma fuerza que declaró la guerra contra el mal y la liberación de los pueblos del Medio Oriente en pos de la Democracia, no se opuso a la medida de "Pena de Muerte" impuesta a Hussein?
Es por esto que se escriben cientos de artículos y se brindan feroces epítetos contra el presidente de USA. Saddam Hussein era un bárbaro a ojos de Occidente, no tanto para el Medio Oriente, pero Bush es un bárbaro de Occidente, en menor escala que Saddam Hussein, a sabiendas, de conciencia, y quienes compartimos los valores culturales de Occidente también lo sabemos.
Indicar que Hussein es uno de los mayores asesinos de la historias es la acción simplona de achacar sólo a una persona los crímenes de un grupo ciudadano armado, sin hacer hincapié, ni reparo histórico, que el Estado de USA ha matado directamente una mayor cantidad de personas a lo largo de su breve historia nacional fuera de sus fronteras (es decir, no en su propia Guerra Civil ni ajusticiamiento entre congéneres) que hasta los más “malos” dictadores, tiranos y terroristas con nombre y apellido (y con creces). Sin embargo, la disgregación de responsabilidades y la declaraciones de “mal menor” y “suerte divina depositada en ellos”, bajo lógicas impuestas a sus habitantes desde muy pequeños, en su proceso educacional, y agresivamente impuesto al resto mediante medidas económicas inquisidoras, hacen ver a sus “líderes” políticos y sociales como hombres sabios y de bien, en pos de la humanidad del mundo entero (título autocolgado del pescuezo sin simpatía ni apoyo, pero con temor a reivindicarlo). Si se agrega a este número de muertos, instrumento simplista para saber quién es el “más malo”, las indirectamente precipitada por este Estado (con un número no menor compartido con Hussein), simplemente quedaríamos frente a números dignos del un Guines.
Así pues, pasar a la comparación de Pinochet cabe en la misma línea de "grandilocuencias" y comparaciones estadísticas sin el más mínimo análisis intelectual. El robar tan sólo una vida, para nuestra cultura, es la más grande agresión que puede recibir una persona, familia y sociedad (es cosa de observar el abatimiento de una familia en un funeral, ya sea por la muerte fortuita o esperada de un ser cercano, pero a raíz de los azares de la vida. Para que decir cuando ésta es consecuencias de un tercero, y peor si es con alevosía). Por lo tanto, aunque no fueron 300 mil, 30 mil o 3 mil, sino lo que fuese, el uso del exterminio por el sólo hecho de “diferencias incómodas” para “mi diario vivir”, a voluntad de unos en desmedro de otros (sin importar si es la Cuba de Fidel Castro, la FARC de Colombia, el Kukusclan Norteamericano, etc.), basta y sobra para comprender a ojos de cualquiera de nosotros que su proceder del ex Presidente, General en Jefe, Dictador, Tirano o como sea, fue devastador e inaceptable para quienes vivimos de la cultura de Occidente.
Los juicios de País Gobernable, Economía Modelo y otras tantas patrañas, es el corolario a una vista miope, en donde todo es colocado en una bolsa de gasto y pateado a mansalva, sin querer admitir que quienes estaban más expuestos a los puntapiés son personas también, y de los más vulnerados y marginados por nuestra construcción social, demostrable de hechos. Ellos han recibido, y siguen recibiendo, la mala paga de nuestra sociedad, como el soldado que va al frente, pierde un ojo y una pierna, su inocencia y su juventud, y luego es olvidado a su suerte en el insensible sumidero de la insensibilidad y anonimato, usando su humanidad sólo para llenar registros estadísticos de Epopeyas y Calamidades, y sin siquiera registra su nombre, y claro, a beneficio del Capitán que, con aspavientos y bandita, recibe condecoraciones y rentas vitalicias por tan heroico actuar de las fronteras nacionales y más allá (pero de pertenencia privada). Hoy en día, las batallas son mansalva y más aniquilantes que antaño, con la salvedad que, para evitar el repudio general, y de la insulsa “Opinión Internacional” se les deja seguir pululando por ahí, a espera de su fallecimiento, asegurando el “único” Derecho Humano que, gracias a Dios, se mantiene activo en nuestra conciencias, el Derecho a la Vida, los otros ni se conocen (y el esfuerzo por que queden en el anonimato es impactante).
Pinochet no nos salvó, nos ha hundido más en la precariedad cultural de la insensibilidad y nos mandó a la más cruenta de las guerras, esa de la “Supervivencia” al más fiero estilo de un Reality Show. Nos hundió en la falta de libertad y en el miedo. Ahora somos Occidentales irrestrictos, con el miedo “a todo” metido en nuestro ADN (a enfermarnos, a usar espacios públicos, a quedarnos sin plata y solos, a perder la pega, a no poder estudiar, a no tener donde caernos muerto). Nos quitó la libertad de conciencia y nos dejó con un mundo en deuda para nuestros hijos con el angustiante paisaje de que, si la suerte nos acompaña, nuestros tataranietos puedan ser libres y vivir en paz y armonía. Antaño, con hiperinflación y todo, en el peor de los casos, se vivió con el sueño que nuestro Estado de sociedad. El gran legado Cultural de Pinochet es que es imposible todos “nuestros sueños son imposibles”.