miércoles, noviembre 12, 2008

Derecha e Izquierda – El Bien y el Mal

A la carta de Allamand en la Tercera y a la respuesta de Ricardo Brodsky en El Mostrador.


Estamos en una crisis de identidad civil fomentada (y educada) dada al despolitización de los '80 y la homogenización de los modelos de Estado. La pugna de la Derecha e Izquierda actual no obedece más a una disfrazada asignación del bien y el mal ¿Olvidan que decir Derecha e Izquierda es equivalente a hablar de Diestra y Siniestra?
Sin embargo, todo esto no puede ser validado si no se entiende que en este juego están los buenos vencedores y malos vencidos. Están los que ganan y los que pierden. Tal como cualquier película de Hollywood, o animaciones japonesas espaciales, es esencial proponer que existen don frente morales antagónicos que están en pugna eterna. Y el sometimiento de una sobre la otra es crucial, que no tiene otra consecuencia que La Dominación. El Totalitarismo. Podemos dar vuelta el concepto de buenos y malos, y podrán ser unos u otros, dependiendo de quién sea el Juez. En todos los casos, la consecuencia es la misma.
Pero las construcciones de nuestra civilización distan de aquello. Vivimos en un mundo diverso, y en lo cotidiano no nos mueven los afanes totalitarios, sino el proceso largo y continuo de experiencias que, de acuerdo a un proceso aprendido, entrega un significado a cada acto (y por cierto, con una escala de valorización), con una diversidad en su apreciación inconmensurable. Velada estupidez de la agrupación en pos de dos grupos en afanes dominadores. Para partir, hagamos un poco de historia en la política chilena y descubramos que no hay tanta Derecha ni tanta Izquierda, sino visiones políticas diferentes que, por avenencia, solidaridad, conveniencia o simplemente por subsistencia, apoyado por la creciente tendencia mundial de que todo tiende a un “Monopolio”, el que se mantiene como “Duopolio con el fin de evitar el estigma del Totalitarismo (en el caso de su aplicación en los Estados).
Primero que todo, existe una homogenización que impide entender el comportamiento de la Derecha chilena dado que se homogeniza las visiones Conservadoras y Liberales bajo un mismo cartel, hoy bajo la denominación de UDI y RN. Ambos partidos fueron antagónicos y, en forma exclusiva los gobiernos de Chile desde la Independencia hasta el triunfo de Pedro Aguirre Cerda en los años ’30 del siglo XX. Mientras los primeros siguen una línea de la conservación de las clases sociales, la segunda se basa en la movilidad favorecida por la plutocracia. Que ambas clases estén íntimamente ligadas, ha generado una suerte de confusión entre ambos sectores. Por lo demás, esas diferencias ideológicas han jugado que, en los últimos casi 80 años, la Derecha no dirija el sector Ejecutivo en forma democrática, salvo el período de Jorge Alessandri.
Quizás el intento Radical, quienes recién en la década de los ’30, por primera vez desde la organización de la República, logran arrebatar el gobierno s a la derecha de los Liberales y Conservadores, puede ser señalado como la bisagra al “progresismo” y así comprender la evolución de un pueblo que sumido en la vergüenza por los abusos en las campañas mineras y golpeado por la matanza de Santa María de Iquique en 1909[1], comienza a rechazar la dominación de los aristócratas y plutócratas.
Sin embargo, como suele ocurrir cuando de oposición se debe pasar a ser gobierno sin experiencia previa[2], el Partido Radical se desarrolló en un constante cuestionamiento, acusado de un alto nivel de corrupción e incapacidad de gobernar. Aún más, dada la necesidad de lidiar ya en un punto de equilibrio muy inestable, debiendo conceder favores al electorado de izquierda que favorecía sus elecciones, y en otro tanto más a Liberales y clases dominantes que manejaban el poder económico y la propiedad privada, terminó quizás operando como una caja de favores, que a la larga desgastó su relación con ambos bloques. Sin embargo, en materias sociales, los gobiernos radicales dieron un impulso que cimentó las bases sociales y económicas de un país pobre y dominado por intereses externos a uno con principios sociales y en pos del desarrollo. Dio un auge a la educación de las clases menores y a través de la creación de CORFO dio paso a la Industrialización desde el Estado, creando empresas que han sido emblemáticas para el desarrollo de nuestro país, como fue Endesa, Siderúrgica Huachipato, la textil Bellavista Tome, por nombrar algunas.
Por otro lado, el espectacular desarrollo de la Democracia Cristiana, nacida de la desvinculación de Eduardo Frei Montalva de las Juventudes Conservadoras allá por las primeras décadas del siglo pasado, no fue otro que una propuesta de Estado Benefactor con principios capitalistas que prosperaron en Europa, como contraparte del crecimiento de los modelos Socialistas y Comunistas[3].
La propuesta de la Democracia Cristiana, inicialmente conocido como Falange Nacional, se basó en este principio, que combinaba tanto mantener una cierta hegemonía de las clases dominantes sobre el resto, pero con una visión mesiánica de la distribución de las riquezas que entregaba el sistema Capitalista. Y la propuesta fue gratamente aceptada por una población que había sido educada bajo normas morales conservadoras (La separación del Estado con la Iglesia Católica es un hecho reciente también, bajo el gobierno de Arturo Alessandri), pero molesta por la clase política dominante excluyente. Sin embargo, lo que para el mundo era un Partido de Derecha, en Chile se situaba como un corriente de centro. Así y todo, la propuesta de este partido de Derecha Moderado era mucho más equilibrado y viable que los propuestos por la Derecha tradicional, en sus dos bloques.
Paralelo a estas historias, y sin el registro que cuentan los partidos antes mencionados, la Izquierda comenzó a articularse lentamente en sus bases sindicales. Desprovistos en muchos casos de una educación formal, sin la capacidad de masificar sus ideas y pensamientos a través de medios masivos y no desprovistos del caudillismo de una estructura que comienza a armarse, desarrollo durante todo el siglo XX un trabajo de difusión de sus ideales. El proceso de formación fue drásticamente lento, perseguidos por los opositores, y desarticulado entre quienes formaban los grupos. Los partidos Socialistas en sus múltiples divisiones, comunistas, obreros y campesinos no vieron una unidad, sólo cuando la posibilidad de aunar voluntades les permitiría alcanzar el poder Ejecutivo. Se hace difícil por este motivo, efectuar una descripción sucinta de cada uno de ellos, pero si es importante indicar que tuvieron una articulación mucho más dispersa que los partidos considerados de Derecha o Centro.
Hay que tener claro que estos movimientos de Izquierda amplia, no tuvieron la oportunidad de generar una admiración pública preponderante hasta que algunos “descolgados” de la clase dominante adoptaron los principios propuestos por estas ideologías. Es decir, requirió el movimiento de Izquierda una actitud mesiánica de alguien venido de los grupos de poder para que la clase dominada, con educación conservadora, aceptara una visión diferente, y que permitiera su ascenso en las estructuras sociales.
Esta situación puede llevar a una serie de supuestos de por qué la sociedad chilena se mantuvo en ese tiempo (y ahora también) la estructura de poder histórica hablando, estrictamente en lo político. Porque la cercanía familiar de los líderes de cada sector perpetuaba una estructura conservadora de la sociedad y sus poderes, y porque, por otro lado, una reestructuración del derecho privado pondría en jaque la sustentabilidad de los grupos económicos que daban sustento a los descolgados (no en términos de campaña, sino en términos de calidad de vida), lo que ha derivado al financiamiento de campañas y votos por “conveniencia”.
La elección de Allende como presidente tiene una connotación social muy importante. Primero que todo, corresponde al primer gobierno en Chile, después de 152 años de república independiente, que tiene la posibilidad de poner en acción una administración de estado bajo conceptos de Izquierda. Aquí también es relevante recordar que “otra cosa es con guitarra”, y pasar de oposición a gobierno requiere aunar criterios en pos de un objetivo consensuado. La experiencia terminó abruptamente, con los episodios de Septiembre de 1973, con argumentos variados, muchos sólo basados en odiosidades y rumores de pasillo. Pero lo que más debe dolernos como sociedad civil es haber aceptado un final de estas dimensiones para un proceso consensuado por la sociedad civil durante un largo período de tiempo, no de generación espontánea ni del crecimiento vertiginoso de un capricho individual seductor a lo colectivo. Su connotación está en, borrar de un plumazo las expectativas de un grupo civil considerable que, a través de las vías constitucionales proclamada aún en la Constitución de Arturo Alessandri, logró alcanzar la dirección del país en el plano Ejecutivo.
Lamentablemente, las configuración del poder son siempre en “Pareto Óptimo”, y una educación cívica desprovista de la tolerancia (que es derivado de la despolitización de las sociedades), se generan luchas descarnadas entre los involucrados. La carencia de tolerancia cívica generó, al menos en el proceso de confrontaciones, un caldo de cultivo que escapo a las instancias de encuentro social de los puntos de vistas. Por lo demás, existían mecanismos legales para la remoción del gobierno de turno, o en el peor de los casos esperar el fin del período. Todo lo demás demostró lo más bestial y prehistórico de una construcción de un Estado.
La deslegitimación con conceptos antojadizos y lecturas torcidas de los llamados “signos” o “señales”[4], llevan a generar caos y desconfianza que beneficia, precisamente, a quienes gobiernan bajo estas condiciones: el terrorismo, pero no necesariamente ilustrado a través de inmolaciones, atentados incendiaros, fusilamientos o grescas callejeras. El terrorismo ideológico, alusión a eventos apocalípticos, desabastecimiento de bienes y servicios básicos, desinformación e impedimentos para la asociarse, incumplimiento del Estado de Derecho, impunidad, etc. suelen ser más destructivos puesto que se mantiene latente día a día, afectando la psiquis social y sin basado en la acción concertada, en donde los involucrados no tienen responsabilidades por sí solos.
Si Chile es un país de Izquierda o Derecha, o quizás del Centro, o por arriba y abajo al mismo tiempo, es una incitación a la intolerancia endémica de nuestra educación cívica. Por lo demás, las votaciones pos Régimen Militar indican que quienes se han alineado con la Izquierda han mantenido el poder Ejecutivo y Legislativo democráticamente electo, que no obedece a otra visión más que la disputa del Bien y el Mal.
Por otro lado ¿Necesariamente se debe ejercer una homogenización de las visiones políticas de una sociedad? Porcentajes más o porcentajes menos, como se disputan elecciones, se analiza votaciones, no menos ocho o nueve colectividades distintas deambulan pregonando su ideología política, que es optimistamente equivale a una visión pluralista de la construcción de la sociedad y no una decadencia social en la segregación como se trata de presentar. La reducción de la Derecha e Izquierda sólo tiene base en la necesidad de estos conglomerados en proponer puntos comunes para llegar a acuerdos, o acuerdos, que son necesarios en cualquier organización donde las respuestas no son únicas y el modo como los alcanzas, además de un carácter práctico, tiene un espíritu que se basa en la base cultural propia.
Por lo demás, la formación de estos conglomerados contribuye bien poco al orden democrático puesto que genera polaridad y la necesidad imperante que exista un bloque bueno y otro malo, uno vencedor y otro vencido, uno sometedor y otro sometido, alimentando la intolerancia, la que se desborda en cada acto democrático.
Es atendible que un proceso democrático basado en la pluralidad podría ser algo más lento (sobre todo en materias económicas) que uno autoritario, dirigido por los “buenos”[5]. Sin embargo, es mucho más estable y beneficioso en el largo plazo, salvo que en nuestro ADN sigamos creyendo en los Buenos y los Males.



[1] Vale aclarar que el movimiento obrero en el norte grande en las faenas del salitre tiene un nacimiento espontáneo dada la precaria situación laboral y que fue simplemente reprimida por las clases de poder chilenas. Sin influencias externas puesto que la URSS sería fundada 10 años después y la Revolución Cubana es un proceso de la década del ’50
[2] Basta recordar el sinnúmero de modelo de gobierno entre el año 1818 y 1833, todos asociados a la clase aristócrata de aquel tiempo, incluyendo guerras civiles y varias constituciones.
[3] Vale señalar que el giro del Capitalismo a Estados Benefactores no es más que una manifestación de contención (o reaccionaria) para frenar la “amenaza” de la “sublevación” de las clases dominadas. Fue el comienzo de la aceptación de que existen una serie de Derechos que deben ser asegurados para cada hombre y mujer de esta tierra, partiendo por la abolición permanente de la esclavitud, acceso a salud, educación y otras cosas más. Fue el nacimiento de la Derecha Moderada. Por lo demás, luego de la disolución de la URSS y la caída del muro de Berlín, el Capitalismo tradicional ha vuelto a tomar su forma básica, con un creciente colonialismo de las grandes potencias y un creciente descontento en sus ciudadanos pero sin respuestas, lo que se ha manifestado en la creación de los mercados de la salud, educación, previsión, etc. Hasta ese momento responsabilidades sin fines de lucro de los Estados Benefactores.

[4] Señales: Gestos, indicadores, palabras, discursos que pueden ser muy precisos y concretos, pero que a quienes dirigen másicamente la política, economía, medios de comunicación y otras cosas más, gustan retorcer su significado, descontextualizarlo y sacar conclusiones que no vienen al caso.
[5] Puede ser cuestionable si los que son vencido hoy, en realidad son los “buenos” que bajo la actual constitución redactada por ese grupo, ha logrado mantener sus criterios de gobernabilidad por sobre quienes vencen en las urnas.

jueves, abril 03, 2008

Libertad de Prensa y Ética Profesional

En el sitio web de un periódico nacional fue publicada una entrevista efectuada a Guillermo Muñoz, Conductor del programa "Enigma" de TVN, abordando el capítulo que recrea el caso del crimen de María Soledad Lapostol.
El desarrollo de la entrevista presenta a una persona que pasa de la valorización y empatía hacia el dolor del prójimo, con una alta connotación humana, a la vil justificación de sus acciones y equipo de trabajo, amparándose en principios que el atribuye como bases en el periodismo, tales como la contingencia y la oportunidad.
Yo pregunto ¿Qué concordancia hay entre valores humanos y libertad de prensa?
Me parece que nada hay de justificación, en contingencia y oportunidad, en la revictimización de una familia (hostigamiento de por medio, que se disfraza como una inocente "insistencia.), y el ajusticiamiento público de quién es aún procesado y no condenado.
Peor aún, es impresentable que exista un "código ético" que auto-deslinde responsabilidad como el llamado "reserva de la fuente". Esa figura simplemente corresponde a participar como encubridor o, lo que es peor y queda sin respuesta en la entrevista, se es permitido que un selecto grupo de personas tenga acceso a información confidencial de procesos judiciales, no disponible para toda los ciudadanos.
Finalmente, la entrevista remata en una "invitación" a ver el programa para generar "críticas fundadas" con respecto al trabajo. Esa es la desfachatez propia de quién somete a un "Foro Romano" sus actos, pero a sabiendas que las críticas no corren por canales diferentes: la crítica comercial se basa en el rating obtenido, que bajo la polémica generada e invitación hecha, claramente tendrá una alta aceptación. Sin embargo, la crítica con respecto a la connotación del trabajo hecho, más aún con una sociedad embrutecida a beber sangre y mugre, será no considerada, desestimada o, como muchas veces replicada, como parte de un resentimiento o "falta de apertura de mente o libertad". Pregunto yo ¿Qué valor tiene la crítica fundada en el respeto a la vida privada? ¿A los impactos psicológicos de quienes son representados y hostigados? ¿El enjuiciamiento unilateral de quienes aún son imputados pero no sentenciados?
La vereda por la que transita hoy el periodismo contingente y oportuno, lisa y llanamente, está fuera de cualquier nivel de respeto al resto de los ciudadanos. Como indico antes, lamentablemente la crítica comercial prevalece (utilizando una deformada correlación de rating con aceptación) y finalmente permite justificar estos desparpajos.
Al final uno se pregunta ¿Cuál sería la ética profesional en el mundo de la información?
Una vez más, el deseo de éxito y gloria de ser observado por millones de caníbales televidentes tiene más "valor" que efectuar un trabajo prolijo y respetuoso, basado en principio del respeto a la humanidad de las personas, pero que podría ser sólo apreciado por unos pocos.

PD: El artículo púlbicado en Terra, previo a la emisión del capítulo presenta el atropello de la producción por sobre las consecuencias emocionales del los afectados. Incluso, frente a algo tan delicado, nombra como "error" acciones que ejecutan deliveradamente (aporte: J.L. Gutierrez)