Año 2011, mes de Junio. El frío invernal comienza a sentirse en cada rincón de Chile. En algunos lugares, algo más soportable. En otros, el gélido ambiente está acompañado de goterones de agua. El registro de estadísticas indica proximidad de nubes atiborradas de enfermos respiratorios a hospitales y policlínicos del país. También las clínicas colapsarán. Para los “no cesante”, algún dinero disponible para calefaccionar sus pies y manos. Un grupo, no menor, se atemperan con aparatos que les alivia de la temperatura, pero mal dice a sus vías respiratorias. No sé cuantos, pero no son pocos entiendo yo, ni para ello. La curva de despido se acentúa en invierno, y con ello, menos monedas para hacer frente a las inclemencias ambientales.
Malamente, algunos de los hijos de nuestra querida Patria pierden la oportunidad de educarse y cambiar el derrotero de su familia. Nefasto. Lamentable. Se dedican a aplanar calles y gritar consignas contra el que se oponga a su sensación térmica: el frío de la indiferencia y el desamparo de sus coterráneos. Intentan desvestirse de los harapos de la desesperanza aprendida y, en un instante de lucidez, locura, obstinación, ceguera, ira y valentía, prenden fuego en sus gargantas. Es un acto casi terapéutico. Qué duda cabe. Descargan la incomprensible frustración acumulada genéticamente, generación tras generación. Es un instante único. En la transición entre las ataduras parentales y sistémicas. Ahí, cuando queda suelto el espíritu humano indomable. Estúpidas pancartas utópicas que solo encolerizan al resto. Al menos, a aquellos que repudian la performance estética que ven en sus televisores y son portadas en revistas y diarios. Aluvión de letras mezcladas en viajan en redes sociales y que tendrán su apaciguamiento natural al llegar al mar de los 25 años y contraigan sus primeras deudas crediticias o deban velar por la vida de sus descendientes. Es sólo un instante en la vida, penoso, pero no hay mucho que hacer. Les falta educación.
Chile es el país modelo. No nos puede caber duda. Libre y soberano que pregona el sueño americano, versión siglo XXI (ahora, no sé de qué ¿Nación Chilena o Estado de Chile?, pero da lo mismo por que pocos entienden la diferencia). Eso sí, nuestros Gobiernos lidian, a codazos, con otros para colgarse la piocha “Desarrollado” en su pecho inflado. Capaces de perder la vergüenza con tal de obtener un ticket de entrada al salón dorado de la “Socialité” del Mundo Globalizado. Siempre en Nombre de Chile, acto noble y abnegado por nuestra patria. Infructuosamente, visten con su mejor chaquetón para hacernos presentes en listados globalizados, esperando estar sentado lo más cerca posible de la cabecera de la mesa. Ojalá, que su alrededor se sienten contertulios de habla extranjera. Esas que sólo unos pocos entienden en este confín del mundo, pero de monosílabos populares ¡estamos OK!
Eso sí, que el abrigo no deje entrever la mancha de aceite en la corbata, la descosida camiseta, las colleras de fantasía que simulan exóticas piedras preciosas, la camisa remendada a la buena de Dios, los elásticos vencidos de los calzoncillos y los poco decorosos calcetines con papa. De los zapatos para que hablar. Por ello, el abrigo debe llegar hasta el piso. Que nadie nos solicite el sacarnos el abrigo. Para qué. Hace frío. Las inclemencias de las miradas no están para eso. Mejor nunca entrar en detalle. No entenderían nuestro ingenio. Total, todo va de acuerdo al plan.
Así es como lo hacemos. Así lo queremos. Es cosa de ver la participación ciudadana. Líderes mundiales en participación eleccionaria. Democracia rampante ¿Qué de esos 10 mil (o 100 mil, qué más da)? inadaptados e inconformistas los que repudian el esfuerzo de una Nación. Nada de que espantarse. Los que niegan vivir al resto. Los que sobran ¿La punta del Iceberg? Para nada. Grupos radicales, como siempre. Han estado siempre, antes de que nuestros antepasados llegaran al confín del mundo y no seguirán ahí. Trajeron la civilización.
Acá, todos pagan sus cuentas. Muy ordenaditos. Es cierto, nos faltan colegios y universidades. Clínicas (y de estética, sobretodo. Plata hay). La gente es muy agradecida. Y, en realidad, solo felicidad. Satisfacción. Agradecidos. Se trabaja mucho y los sueldos… No importa. Acá, la plata es secundaria.
Y tenemos nobles valores. La educación es la herencia que podemos dejar a nuestros hijos, por ello, cada ciudadano paga, sin chistar, la educación de sus hijos. El resto de las herencias, en dinero sobretodo, es banal. Y cuidarse es responsabilidad de cada uno, por ello la salud es de resorte individual. Con viviendas de 60 m2, nos sentimos como en un palacio (algunos hasta con mediaguas de 18 m2). Nunca olvidar: Acá todos somos responsables y pagamos lo que se debe. Sólo unos pocos no lo hacen, pero hay formas para que ellos entiendan que los compromisos se cumplen.
De nada hay que preocuparse de problemas mundanos, pues acá entendemos eso de los dones de Dios a la perfección. Seguimos celosamente lo que nuestros grandes hombres (y algunas mujeres) dicen y saben sobre el mundo y su movimiento cósmico. Ellos te brindarán ayuda y evangelizarán a nuestros conciudadanos. Esos comentarios de la concentración de la riqueza y el poder, pura envidia de los que justamente lo merecen. Eso es tratar de mirar bajo el agua Por lo demás, eso que dijo por ahí un tal Luis Robledo, Director de un institutito llamado InfoCap, “No es aceptable permitir que los trabajadores continúen preguntándose si tengo trabajo ¿por qué sigo siendo pobre?”, es típico del inconformista social que sólo vela por unos pocos.
Por última, hay que tener la certeza que a los hombres de bien, nadie los molesta. Al contrario, acá se trata como amigo al que es forastero. Y eso vale para los forasteros de comunas también. Servicios por doquier a precio de ganga. Ayuda doméstica de primera categoría, e incluso importada. No es esclavitud, aunque estos servicios tengan valores menores al mínimo del resto de las actividades sociales y, como combo de la promoción, con atención continuada las 24 horas si les prestas cama y techo (los extranjeros sin papeles pueden hacerte rebaja). No te preocupes, que no corren las horas extras. Les estarás haciendo un gran favor. Siéntete feliz. Chile es el país del futuro.
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