martes, noviembre 22, 2005

Partes de un fuero interno

Si hay algo positivo de un período eleccionario es que todos, en nuestra intimidad, debatimos muchos temas relacionados con el qué hacer nacional. Lamentablemente, gran parte de esos diálogos quedan recluido a esta intimidad dada la escasa posibilidad de participación en un fuero más amplio, todo sto originado en el sistema representativo y canales de participación que tenemos , el escaso tiempo disponible o, simplemente, por que los problemas inmediato son, para el ciudadano común y corriente, más apremiantes que los importantes.Lo que también está en nuestra intimidad, y más oculto que la opinión personal, es ese rezo silencioso: como no sé que sucederá y eso me da miedo, es mejor nunca cambiar. Creo firmemente que esta es la principal causa por la cual siempre andamos comparándonos y copiando experiencias externas de otros. Claro, un cambio copiado nos permite volcar todas nuestras esperanzas en que las experiencia veladas se repita para nosotros, lo que curiosamente nunca sucede.Pero igual no más, me gustaría preguntar a quienes tienen la paciencia de leer estas líneas algunas dudas que nunca he logrado explicarme:Si todos coinciden en que la educación es la base para superar la desigualdad, inequidades, delincuencia, pobreza, etc. ¿Por qué no hacemos un esfuerzo país de subvención de esta, de calidad y gratuita, para todos los niños y jóvenes?Si durante las últimas décadas el índice de crecimiento es reconocidamente positivo y la desigualdad ha aumentado ¿Por qué seguimos colocando ese indicador como primordial en nuestros objetivos de política pública y monetaria argumentando que es primordial para superar este último problema?Si sabemos que afrontar enfermedades graves requiere siempre ayuda de quienes nos rodea (hermanos, hijos, padres, amigos, etc.) ¿Por qué tenemos un sistema de salud individualizado?Un grupo de trabajo, a iguales remuneraciones, capitales y competencias ¿Por qué sus resultados son mejores cuando existen fines de lucro que cuando no los hay?Por último ¿Es mejor pasar por la vida sin “penas ni gloria” o saborear al final de nuestra existencia esa sensación que, al menos, lo intenté?Nuestra conciencia, tanto para creyente como los que no, nos plantea frecuentemente esta disyuntiva y en nuestro corazón siempre escogemos la según vía. Pero no sé por qué, terminamos viviendo regidos a la primera.¿Alguien me puede contar por qué?

No hay comentarios.: